Textos

Una selección de poemas y textos de Ana Cerezuela.

ÍNDICE


LO QUE NOS DEBEMOS (2025)

Un día 
vendrá como el agua
sin permiso
la suerte
y llenaré nuestras vidas de tiempo.

No nos debemos nada,
pero volveré a por el tiempo empeñado
para llenarte de arena,
te haré una cala
y una vidriera.

Vendrá como el agua
la calma tibia por ti,
por el tiempo
que tú me mirabas la espalda,
esperando el atardecer
de este remolino,
por ti,
por el valor de escoger
esta semilla de nada,
este desván sin abrir.

Ahora que tengo palabras,
te diré tantas veces "no
nos debemos nada
pero te debo el tiempo".
                           Extracto de Poesía en femenino Antología de autoras murcianas, antología coordinada por Isabel García Molina y publicada en 2025 por Editum. 

Y HABLAREMOS DE DINERO (2024)

En este querer desastroso
nos quedarán los caminos
de las aguas en el cuerpo,
seremos más que organismos
alargándose la vida
y hablaremos de dinero.

Hablaremos
de la salud y el seguro,
del calendario y el miedo,
de reparar las ventanas,
de organizar la nevera,
de la deuda inabarcable
de temperatura prestada,
de quién cuidará del fuego.

Recuérdame lo del coche.
Pregúntame
dónde está
cualquier cosa en este mundo.

Hazlo tú, que tengo miedo.
Abro yo, que llevo llave.

En este querer confiable,
hablaremos del divorcio,
del nombre de los amantes
y del día que yo falte,
qué haremos si todo cambia
y qué si el futuro es esto.

En este querer calmado
hablaremos de las madres
que no amaban a sus hijos,
los hijos inconcebibles
y los objetos perdidos.

Hoy has sonreído y he visto
unos pliegues que antes no estaban.
He visto las pieles antiguas
y mi color en las telas
que nos vestirán las tripas.

En este querer tardío
crecen tiempos y cantares.
Seremos más que animales
cediéndose la palabra.
Hablaremos del verano,
del precio de las verduras,
de una vida equilibrada
en la eternidad quinquenal.
                           Extracto de Poesía Joven Murciana, antología coordinada por Juan Salvador Correyero y publicada en 2024 por Ondina Ediciones. 

NO DEJA HEREDERAS (2024)

Eres azul, como la mentira,
te pareces a alguien que conocía.
En los bancales que pisas y el agua que bebes
quedan fibras de nylon que antes cantaban
poemas murcianos
para los días de lluvia.

Si no te odiara,
si no te quisiera como si fueras
sólo una más de mis tripas,
cometería el error de creer
que tú sí podrás parar
el apocalipsis.

Te diría desde aquí arriba
que de los males pequeños
yo puedo salvarte ahora.
Yo, con mis propias manos,
mi cuerpo una barricada
de carne y calor.

Te mentiría,
te mentiría desde el principio,
te dejaría mis areneros
y te daría mis tripas
y te diría mentiras
como que queda esperanza
en este mundo cansado,
que yo no importé
casi nada,
hasta el final
mentiría
o guardaría silencio.

Extracto de La viuda

AGOSTO (2024)

Cuando llegaban de nuevo
las órdenes de derrumbe
y no había más que viento y agua salada,
recuerdo el tacto.

Y era sagrado
como las formas del cementerio,
y era humilde y era bravo
como un sentimiento viejo.


Me arrimaba a las hogueras del afecto
dibujado en la tierra blanda
que tan sólo hacía la cama
para la fruta olvidada
en el réquiem del verano.

Y era cortante y agudo
como un sufrimiento sabio,
y era devastador y terrible
como este honor raro
de ser la viuda de una promesa,
este misterio de amarla,
entregarle mis fibras,
haber sido por treinta años
la mujer de la esperanza,
y ella sí,
ella sí me quiso tanto.


Extracto de La viuda

LA MUERTE (2024)

No me miré la carne
desnuda y viva
hasta que vine a enterrarte.

Tú siempre volvías a mí con el hambre y la melodía,
de mis astillas, el nido.
Después de un balcón abierto
ya nada, que yo supiera.

Antes del agua hubiera jurado
“veremos caer a Dios
en el otoño del tiempo
desde tu casa del campo”.

Mira
mi cara larga, suave, lenta,
toda esta tierra,
mira
que llora como una esponja
después del agua.

Mira
que la última crisis de fe
será madre dolorosa
de la primera.



Extracto de La viuda

CÓMO HABITAR LA CALZADA. UNA APOLOGÍA DE LA ESTRIDENCIA (2022)


Hay un silencio sagrado entre los sonidos. Se parece al cemento entre los ladrillos, a las aduanas y a las vísperas de festivo. Sin ese armazón hecho de aire quieto, el mundo entero se tambalea. En este silencio se palpan las cosas ausentes con una nitidez inaudita. Para algunos, el silencio no se oye, es el estado natural de las cosas. Para nosotras, el silencio actúa casi como conjuro: «no pienses en un elefante».

Conozco ese silencio. Lo recuerdo llenando el espacio que sucedía a mis preguntas. Lo contrario a un aplauso. Aún puedo verlo recogiendo mis pulmones del suelo y meciéndolos en sus brazos espinosos hasta que la inadecuación dejaba de quemar en la piel y penetraba en la sangre. Los primeros auxilios contra la emoción rebelde.

¿Alguna vez has tenido un secreto? Algo tan secreto que no puede ser pronunciado, que no puede salir de esta habitación, ni de esta boca. Tan secreto que debes encerrarlo en tu calavera para siempre, tan oscuro y temible que, al final, lo único que te mantendrá a salvo es ocultártelo a ti misma.

La niña del espejo conocía mi secreto: a ella no pude mentirle. Lo había visto en otros rostros, en la calle, en la penumbra del hogar, en el brillo de los ojos de una compañera bajo el sol mediterráneo, en las portadas de los CDs, lo había visto enredado en sus propios pensamientos, en las conquistas del calor, en los anhelos del instinto y los recovecos del cuerpo. La niña veía el secreto cada vez que doblaba una esquina, como un destello en las ventanas, un rumor en los silencios que dejaba la radio entre canción y canción, persiguiéndole como un fantasma que murmuraba una lengua extranjera.

La huida nunca fue para mí un destino, sino una grieta para la existencia pacífica. El silencio a estas alturas lo había envuelto todo, se pegaba a la ropa, flotaba en el aire como el polvo recién sacudido. Fue quien me educó para sentirme como un gigante torpe y estridente en un museo de cerámica. «Niña, ten mucho cuidado: tu vida es pura contaminación simbólica», solía decirme.

Algo en la experiencia solitaria de crecer como un ser ambiguo, como una mujer deseante y desviada en el cisheteropatriarcado dosmilero, te hace conectar de una forma especial con la transitoriedad de los aeropuertos. Los oídos taponados en los aviones, el traqueteo del tren, las marcas viales parpadeando bajo las ruedas: es el universo estético del profundo y fundamental confort de no estar. Ni aquí, ni allí. De camino.

Una vez un profesor que intentaba hacernos comprender el problema de los límites según Mary Douglas nos propuso un experimento: quédate parada bajo el marco de una puerta y observa cómo, tarde o temprano, alguien te preguntará qué haces ahí, si vas a entrar o a salir. Una puerta es una frontera: no se habita, se transita. Un límite es por definición un lugar caótico, incómodo, insoportable. El odio, el miedo y el asco no son otra cosa que nuestro cuerpo expresando ese «anhelo de que todas las cosas se conformen normalmente con los principios que gobiernan el mundo» .

Años más tarde conviví con alguien que solía pasar largos ratos apoyada en el marco de mi puerta, contemplando el infinito. No entraba, no salía, sólo existía tranquila en aquel espacio liminal. Ella no lo sabía, pero su acto de rebeldía modificaba la geografía política de nuestro piso. Es lo que ocurre cuando comenzamos a habitar los huecos, los no lugares de Augé. Un ser incómodo es un clavo ardiendo para otro ser incómodo, nos hacemos resistentes bajo el ala de las nuestras. La niña aprendió que tenía nombre cuando otra niña la llamó por el suyo. Call me by your name and I’ll call you by mine.

El poder de pronunciarse «bisexual» es el poder de nombrar lo innombrable y demostrar lo indemostrable. Nuestra existencia produce seísmos porque las condiciones mínimas de supervivencia que exigimos requieren que el mundo entero renuncie a la comodidad de una noción de sexualidad ordenada, binaria y estable. Desde que nacemos hasta que llegamos a comprender esto sucede toda una vida intentando morar esa idea. Después, por fortuna, la niña nómada encuentra las huellas y aprende su nombre. Bisexual, queer, desviada, ambigua, como tú, como yo, como Marsha y Sylvia y tantas otras.

La conquista de las tierras de nadie se produce a través de esta complicidad secreta. Otras antes que yo aprendieron a caminarlas, y cada vez que alzaban la voz, el eco llegaba a oídos de alguien nuevo. De este modo, nosotras convertimos una calle con dos orillas enfrentadas en una plaza peatonal amplísima y llena de luz. La gente camina en todas direcciones, no hay líneas en el suelo y palabras como «cruzar», «cambiar de acera», «convertirse en», pierden sentido.

Esta transformación empieza por la primera persona que decide caminar por la calzada, frente a los coches, perturbando el tráfico. Y continúa necesariamente en la barricada que le sigue. Así es como hemos llegado hasta aquí: resistiendo juntas, bajo el ala de las nuestras.

«People, listen to what your jotería is saying. The mestizo and the queer exist at this time and point on the evolutionary continuum for a purpose. We are a blending that proves that all blood is intricately woven together, and that we are spawned out of similar souls»
Gloria Anzaldúa,
Borderlands/La Frontera: The New Mestiza.

Cuando tuve mi primera cámara de vídeo, aprendí que existía un paso previo imprescindible a pulsar el botón de «grabar»: el balance de blancos. La técnica es la siguiente: debes tomar un papel, un folio blanco, y mostrarlo a la cámara, para decirle: «esto es el blanco; reconstruye a partir de aquí el resto de colores de la escena». El blanco es un punto de anclaje a la realidad, el no-color, el espacio neutro, el contenido vacío.

La existencia de una normatividad es, también, un balance de blancos. Observamos el mundo a través de una lente que ha aprendido una idea de pureza antes de que nosotras, impuras, abriéramos los ojos por primera vez. Entendemos que hay algo parecido a una existencia blanca, pura, apolítica, predeterminada, objetiva, y desde allí los colores deslumbran y el suspiro de cualquiera retumba hasta formar un trueno absolutamente aterrador. La única paz posible es hacia dentro, donde no parece haber nada.

Nosotras rompemos el silencio. Nosotras contaminamos el blanco. Es más, nosotras aprendimos que el blanco esconde toneladas de violencia, y que hay otras atalayas desde las que podemos mirarnos. Nosotras hemos aprendido a sobrevivir dándole la mano al monstruo que veíamos en nuestro espejo. Peter Pan nos hizo soñar con descosernos la sombra de nuestros pies, pero tu geometría distorsionada en el suelo caminando contigo bajo la luz es la confirmación última de que estás aquí, viva, existiendo.

La aberración es hija de la pureza.


Extracto de Más que visibles: Antología de la bisexualidad y otras plurisexualidades, publicación coordinada por Carlos Castaño e Ignacio Elpidio Domínguez y publicada en 2022 por Editorial EGALES.

SUBMARINO BAR (2020)

Con el tiempo 
ya dará igual
y tragaremos humo para huir
del olor de los hospitales.

Contaremos a los niños en las salas de espera
historias del entretiempo
y nos mirarán casi siempre con la ceja levantada
entre la niebla y el polvo.

Dicen los expertos que para entonces
el mar nos hincará el diente,
se morirán las abejas,
con suerte no existirá la Manga del Mar Menor
y mi esqueleto pequeño será el primero en tocar la tierra
y no crecerá nada después.

Un día lloverá tanto
que las plazas serán estanques
y las bocas de metro dispararán borbotones,
habrá que ir a todas partes flotando
y nuestro bar será un barco hundido.

Pero nos recordarán
porque todas las tardes el camarero argentino
en su traje de buzo abrirá
para esperar en la barra
a ver cuántos de nosotros quedan
y en qué condiciones,
y hablará de nosotros a los peces mutantes.
Dirá: «aquí venían a llorar por dentro,
al fondo, junto a los libros,
se sentaba la niña.
Todos pedían siempre
la misma empanadilla».

Los peces sólo le pedirán raciones de plancton
con rostro aburrido
y una copa menstrual de sombrero,
y no entenderán por qué le dimos tantas vueltas
al tema de las pajitas.

Por si acaso, yo separo mis trazas:
los regalos que nunca pedí al plástico,
al azul la propaganda electoral,
las piezas usadas del corazón
al orgánico.

Extracto de La rabia

ANUBIS (2020)

Con todo lo que sé de mí
y todo lo que sé de ti
la evidencia parece anticipar
una extracción sin complicaciones.

Vendrán tus dedos a contraluz
con el bisturí impoluto
afilado como la escarcha.
Me abrirás de par en par la caja fuerte del pecho
con la precisión de un arquitecto,
el pulso imperturbable,
la intención matemática.

Sin ansias, sin dolor, sin duda.

Saldrá todo lo infectado de golpe:
mis entrañas complicadas,
las emociones líquidas,
los sueños indigestos, todo el aire que guardaba para el futuro y
la luz de tus mañanas
disuelta en la sangre.

Caerá todo lo sucio, lo inapropiado,
a plomo sobre tus pies,
tal vez salpique sin querer y si es así, pido perdón.

Pero tú permanecerás tranquila.
Los labios tapados, la mirada escondida,
guantes de tu talla, la bata inmaculada.
Dirás sin temblor en la voz el nombre de un cachivache que sólo tú sabes
y aparecerá en tus manos suaves,
y con gesto calculado,
sin hacerme daño,
conseguirás atrapar la astilla de mi garganta que se parece a ti.

Con cariño
la arrancarás de cuajo
y la observaré gritar de agonía todavía sangrando en tu bandeja de plata.

Lentamente
sin pestañear
me zurcirás la herida lo mejor que puedas,
y después de limpiar cada partícula de mí
de las paredes, el suelo, las herramientas, tus guantes,
tus ojos inquietos, meticulosos,
se me posarán delante.

Murmurarás algo ambiguo y formal
y sin mayor ceremonia
me envolverás en vendajes
de pies a cabeza
tal vez con la esperanza de que algún día
en un par de milenios
alguien que no seas tú
me necesite y
me encuentre.

Extracto de La rabia


LOCAS, BRUJAS, MADRASTRAS Y EXNOVIAS (2020)

Para empezar,
la bala que palpita en la calavera,
que nos tiñe de daño el nombre,
la canción que blandes contra esta voz
tiene tus ojos.

Pediste un lienzo en blanco con forma de niña,
y cuando aprendió a hablar
te entró miedo.
Dijiste «no pueden ser sus palabras;
yo tallé su boca en la madera.
Son otras voces,
serán las brujas».
Y nos lanzaste a las llamas,
y te lanzaste a las plazas a contar tu hazaña
como un héroe cobarde.

Para seguir,
no hay nada malo ni extraordinario en volverse loca
en este mundo complicado.

Si pudiera vivir sin esta rabia
lo haría.
Pero es que sin ella
se lleva nuestra ceniza el viento
y nadie nunca
te persigue desde ultratumba
llamándote por tu nombre.

Si yo te olvido
te perdona el mundo
y tú te olvidas del karma
que todo lo sabe y
te sale a pagar.

Si pudiera vivir sin saberte vivo
vendería mis recuerdos,
pero es que sin ellos
soy lienzo en blanco
para el siguiente,
un refugio para ladrones;
y para colmo la venganza se enfría,
la justicia caduca
y tú te acabas creyendo
tu epopeya de mierda.

Extracto de La rabia

ESTOY AQUÍ (2018)

Estoy aquí porque el regreso me miró a los ojos y me dio miedo. 
Estoy aquí por mi sed de lejos, insatisfecha y brutal, que no me deja dormir si la almohada huele a pasado,
que me apuñala por dentro si abro los ojos
y reconozco el techo.

Estoy aquí porque aquí nadie me esperaba, porque aquí no pretendo quedarme,
porque mis golpes de suerte me han dado un bar y un hogar en cada ciudad, en cada punto cardinal de una esfera que se hace camino infinito y casi peregrinaje.

Estoy aquí
porque yo soy la de las decisiones viscerales y las estrategias mediocres
y aunque a veces temblando
estoy aquí
de momento.

Extracto de Lejos

A este lado nos quedamos los nómadas a observar
las luces de nuestro barrio, el hogar mutante que ha crecido sin nosotros.
Quietos y en silencio, con la sensación extraña de haberse perdido entre universos paralelos, de estar escuchando palabras en un idioma que no es el nuestro, pero solía serlo, o podría haberlo sido.

Observamos los fugitivos nuestros huecos, que siguen ahí, pero ya no son nuestros sino ruinas conquistadas por el tiempo y el espacio. A veces una especie de homenaje a nuestra versión anterior, otras un vertedero de recuerdos caducados aferrándose a las paredes.
Nos ponemos la máscara de atemporalidad,
y asistimos al ritual como un turista en un templo.

Tanto tiempo huyendo y ya no sabemos a dónde volver en Diciembre.
Me encontraréis en las postales, en las pisadas, en los puentes.
Pero mi hogar se mueve,
y se me está escapando.

Extracto de Lejos

AÚN GUARDO… (2018)

Aún guardo las migajas de cuando eras
mi excusa favorita para estar triste.
Tus aviones de papel, tu lápiz mordido, un calcetín viudo y esa lágrima
en una de esas servilletas de bar
que si las doblas bien te dicen "gracias puta".
Lo guardo aunque nunca entendí
por qué lo de gracias.

Extracto de Lejos

SUGIERO… (2015)

Sugiero
que la humanidad es un hormiguero
la esperanza de vida un capricho
y el amor
una enfermedad venérea.

Extracto de La viajera incandescente

POESÍA DE LOS TEMBLORES (2015)

Prólogo intencionado: Cien años después del seísmo.

Que me destruya el sueño mañana si escribo
a tus absurdas maneras de sabio borracho,
y de mis ojos ensangrentados de quimeras
que me arañe el orgullo si es testigo.

Y que me queme la sal si al final sobrevivo
a las olas rompiendo contra mis pestañas,
pero déjame al menos un lugar privado
en la danza macabra de tu inmoral albedrío.

Tenue inicio del desastre: Nos tiemblan los cimientos.

Todo de él será humo,
y la ceniza, el recuerdo
que siempre, siempre sabrá
manchar tus manos de negro.

En vano me será huir
de la sonrisa de agua,
y en vano sería dormir
cuando el arcángel reclama.

Si has de volar, pinta aquí
una sombra de tus alas.
Al final, hágase en mí
según tus bobas palabras.

Victoria silenciosa del caos: La ciudad fantasma.

A los alados monstruos del sueño eres
lo mismo que yo soy a tus palabras.
Cuarenta grados a la sombra y yo en la calle
huyendo de tu histérico fantasma.

Epílogo estúpido: Canción breve a los ausentes.

Septiembre, relámpagos, truenos.
Verte llover.
Lloverte.

Extracto de La viajera incandescente